La temporada 2012 fue un verdadero punto de inflexión para el Club Tijuana, conocido cariñosamente como los Xoloitzcuintles. Tras un ascenso meteórico a la Primera División en 2011, la afición nunca imaginó que tan pronto verían a su equipo competir por el título. La liguilla de ese año se transformó en una experiencia inolvidable, donde la pasión y el fervor de la afición se hicieron sentir en cada partido disputado en el Estadio Caliente.
El camino hacia la final comenzó con un sólido desempeño en la fase regular, siendo el equipo revelación de la temporada. Con un plantel lleno de talento, dirigido por el astuto técnico Antonio Mohamed, los Xolos dejaron una marca imborrable en el torneo. En las semifinales, se enfrentaron al Club Santos, un rival difícil que había dominado el fútbol mexicano en años recientes. Sin embargo, el espíritu combativo de los Xolos brilló, logrando avanzar a la final tras un emocionante desenlace.
El 26 de mayo de 2012, la gran final se llevó a cabo en el Estadio Azteca contra el Club América, el eterno rival que siempre ha sido un obstáculo en la historia del fútbol mexicano. A pesar de la presión y la magnitud del escenario, los Xolos mostraron un carácter impresionante. Aunque el resultado final no fue el deseado, el simple hecho de llegar a esa instancia representó un triunfo monumental para el club y su afición.
La final fue un evento que unió a la comunidad de Tijuana, con miles de seguidores viajando a la Ciudad de México para apoyar a su equipo. La emoción y el orgullo de representar a la frontera en un escenario tan prestigioso fueron palpables en el aire. Las calles de Tijuana se llenaron de música y colores, mientras los aficionados celebraban la hazaña de su equipo, independientemente del resultado.
Este momento histórico no solo posicionó a los Xolos como un contendiente serio en el fútbol mexicano, sino que también sembró las semillas de una nueva cultura futbolística en Tijuana. La afición, más unida que nunca, se comprometió a apoyar al equipo en su búsqueda de títulos en los años venideros. La primera final fue un recordatorio de que los sueños son alcanzables, y que el espíritu xoloitzcuintle siempre estará presente, no importa los obstáculos que enfrenten en el camino.
En retrospectiva, el 2012 fue el año donde todo comenzó. La identidad del club, la lealtad de sus aficionados y la historia que se empezaba a forjar, todo se remontó a ese inolvidable partido en el Azteca. Hoy, los Xolos continúan luchando por más éxitos, pero aquella primera final sigue siendo un hito imborrable en la memoria de todos los xoloitzcuintles.
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