El 2011 fue un año crucial para el Club Tijuana. Después de una temporada impresionante en la Liga de Ascenso, el equipo dirigido por Antonio Mohamed llegó a la final del torneo de ascenso, donde enfrentó a la poderosa escuadra de León. La tensión era palpable, no solo en el campo de juego, sino también en las calles de Tijuana, donde los aficionados comenzaron a soñar con el regreso del fútbol de primera categoría a su ciudad.

El partido de ida se disputó en el Estadio León, donde los Xolos sorprendieron a todos al conseguir un empate valioso. Sin embargo, el verdadero espectáculo estaba reservado para el partido de vuelta en el Estadio Caliente. La atmósfera era electrizante; miles de aficionados se congregaron para apoyar a su equipo. El club, que había sido fundado apenas en 2007, estaba a un paso de alcanzar uno de los mayores logros de su corta pero vibrante historia.

En un partido lleno de emoción, intensidad y momentos para el recuerdo, los Xolos lograron imponerse y sellar su ascenso a la Primera División. Este hito no solo marcó un antes y un después para el equipo, sino que también significó el inicio de una nueva era para el fútbol en Tijuana, donde el orgullo local y la pasión de la afición se hicieron más evidentes que nunca.

La victoria no solo fue celebrada en el estadio; las calles de Tijuana se llenaron de alegría y orgullo. Los aficionados se agruparon en las plazas, ondeando banderas y cantando canciones que resonaban en cada rincón de la ciudad. La comunidad se unió en una celebración que trascendió el deporte, convirtiéndose en un símbolo de superación y unidad.

El ascenso a la Primera División fue solo el comienzo. Desde entonces, los Xolos han demostrado que pertenecen a la élite del fútbol mexicano, participando en competiciones nacionales e internacionales. Este momento histórico sigue siendo recordado como un símbolo de esperanza, no solo para los Xoloitzcuintles, sino para toda la ciudad de Tijuana, que ha visto crecer a su equipo en el corazón del fútbol mexicano.